El 1° de Septiembre de 2005 este país escuchó por última vez a un Presidente de la República rendir un mensaje a la nación desde el Palacio de Sán Lázaro. Se trataba del 5° Informe de Gobierno del entonces presidente Vicente Fox Quezada. Desde entonces nada volvió a ser igual.
Al año siguiente, un grupo de legisladores del Partido de la Revolución Democrática, encolerizados por lo que ellos hasta hoy juzgan como fraude electoral, tomaron por la fuerza la tribuna del Congreso de la Unión e impidieron que el Presidente de la República cumpliera con la solemnidad que exige su investidura una obligación plasmada en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Simultáneamente y desde Julio de aquel año, militantes y simpatizantes de Andrés Manuel López Obrador mantenían bloqueadas importantes vialidades de la Ciudad de México como Reforma, así como el Zócalo capitalino.
Esa fue tan sólo la primera parte del berrinche. Luego vendrían más excesos.
El 15 de septiembre, apenas 14 días después de la "hazaña" de bloquear al Presidente en el Congreso, al lidercillo de cuarta de López Obrador se le ocurrió decir que no desalojarían la Plaza de la Constitución y que él encabezaría una ceremonia conmemorativa del Grito de Independencia en ese sitio, desafiando al Gobierno Federal y a la ceremonia oficial en Palacio Nacional.
A escasas horas de la fecha conmemorativa, el Gobierno Federal anunció que el Presidente de la República se trasladaría al Estado de Guanajuato, concretamente al pueblo de Dolores Hidalgo, en donde tendría lugar la ceremonia oficial del grito de independencia. Y todavía faltaba más.
El 20 de noviembre, el Gobierno Federal determinó cancelar el Desfile Cívico-Militar conmemorativo del inicio de la Revolución Mexicana. ¿El motivo? López Obrador y sus seguidores mantenían ocupado todavía el Zócalo capitalino y además realizarían ahí una ceremonia paralela a la oficial, en nuevo desafío al Gobierno Federal. Lo mejor estaba por llegar.
A fines de noviembre de aquel agitado año, legisladores del PRD, PT y Convergencia tomaron nuevamente por la fuerza la tribuna del Congreso de la Unión, en esta ocasión para impedir que tomara posesión el "espurio" Presidente Electo Felipe Calderón Hinojosa. De pronto el Canal del Congreso se había convertido en un Big Brother espontáneo, en donde podíamos ver las 24 horas del día como mantenían secuestrada la máxima tribuna del país. Sin embargo, eso no impidió que el Presidente Electo cumpliera con su obligación constitucional de rendir protesta ante el Poder Legislativo Federal, en una accidentada ceremonia realizada el 1° de diciembre.
Meses más tarde, en otro 1° de septiembre pero ahora de 2007, de nueva cuenta estos legisladores (PRD, PT y Convergencia) impidieron que el Presidente Felipe Calderón Hinojosa cumpliera con la solemnidad que su investidura exige la obligación de rendir su informe de labores.
Precisamente desde esa fecha el PRD junto con sus satélites empezó una nueva cruzada: impulsar una nueva reforma electoral y una modificación al formato del informe presidencial.
Los resultados ya todos los conocemos. Una reforma electoral que prometió mucho, que se nos vendió como la panacea de todos nuestros males y terminó siendo una reforma legal bastante mediocre. En aras de "acabar con el día del Presidente", se ha modificado el formato del informe presidnecial y ahora el Presidente se limita a enviarlo por escrito al Congreso de la Unión, compareciendo únicamente los Secretarios de Estado y demás integrantes de la Administración Pública Federal que nuestros distinguidos legisladores consideren pertinente. El Presidente de la República sí rinde su mensaje político, sólo que en Palacio Nacional y este 2009 en un día distinto al tradicional.
La soberbia, intolerancia, egocentrismo, vanidad y escaso respeto a las instituciones del Estado Mexicano le salió carísimo al PRD y a sus satélites. En las elecciones federales del 5 de julio pasado fueron severamente castigados por la ciudadanía, tanto que hoy en día el Partido Verde Ecologista es la tercera fuerza política en todo el territorio nacional.
Luego de ver las tristes declaraciones y el abominable comportamiento de políticos tales como Gerardo Fernández Noroña, Ricardo Monsreal, Jesús Ortega, Marcelo Ebrard, Alejandro Encinas o Carlos Navarrete, no puedo más que sentirme satisfecho sino es que contento por el resultado obtenido por el PRD, el PT y Convergencia en las pasadas elecciones. Ya era momento de que los ciudadanos les cobraran la factura de sus excesos, de sus abusos y de su terrible soberbia. Ahora habrá que enmendar nuestras ineficaces leyes electorales y el desaseado formato del informe presidencial.
Que nunca más este país y sus instituciones vuelvan a ceder al chantaje de grupúsculos con intereses mezquinos. Que nunca más vuelva a ponerse en riesgo al Estado Mexicano ante la ambición desmedida de gente como Andrés Manuel López Obrador, cuyos caprichitos y berrinchitos le han costado demasiado principalmente al partido del sol azteca. Sería formidable también que los mexicanos nunca olvidemos lo cerca que estuvimos de un estado de caos gracias a las bravuconadas de Fernández Noroña, Carlos Navarrete o el mismo López Obrador.